El Papa trapero, Trump detenido y Biden de fiesta: ¿cómo desinforma la inteligencia artificial?

POR Luciana Mazzini Puga para AGENCIA DE NOTICIAS CIENTÍFICAS UNQ

Si bien existen algunas técnicas para detectar una imagen manipulada, esta tecnología se perfecciona cada día y vuelve necesaria la regulación estatal.

La Inteligencia Artificial avanza y a través de sus herramientas genera fotografías que se asemejan mucho a la realidad. Esto se evidencia, por ejemplo, con las fotos del Papa vistiendo un abrigo blanco similar al que usan los traperos; o con las del supuesto arresto de Donald Trump. Estas imágenes, publicadas de manera reciente, dieron lugar a discusiones en las redes sociales y abren un interrogante: ¿de qué manera la Inteligencia Artificial contribuye a la desinformación? La Agencia de Noticias Científicas de la UNQ dialogó con Emmanuel Iarussi, científico de Conicet y miembro del Laboratorio de Inteligencia Artificial de la Universidad Torcuato Di Tella, que afirma: “No hay antecedentes de una tecnología que nos permita crear imágenes tan reales y de manera tan masiva”.

Las imágenes son creadas por inteligencia artificial y buscan imitar de manera exacta la realidad. Créditos: Midjourney.

Así, el sistema de aprendizaje sale de lo tradicional y varía según las edades de los alumnos y alumnas. En el caso de las infancias, aprenden contenidos relacionados con el diseño, la electrónica y la programación mediante el juego y técnicas dinámicas. Luego, los alumnos más grandes aprenden mediante proyectos, esto es, pensar una situación de la vida cotidiana, identificar una necesidad y pensar una solución tecnológica en función de ella. 

“Imágenes photoshopeadas tenemos desde principios del 2000. Hay algunos expertos que controlaban esas tecnologías y que las personas requerían de varias habilidades para poder crear cosas, entonces no todo el mundo podía manipular una imagen”, explica Iarussi y continúa: “Ahora con solo saber escribir y tener la tecnología ya podes hacer cosas. Pones un texto de lo que querés y después de un par de pruebas generás la imagen”.

Imágenes hechas con inteligencia artificial de Mickey y Daisy. Créditos: Midjourney

 

 

 

 

 

 

 

 

Si bien la viralización de la foto del Papa terminó siendo algo lúdico, la manipulación de imágenes pueden incluir personalidades de gran relevancia en el mundo que lleve a la confusión y a la desinformación. Tal es el caso de las fotos de la supuesta detención del expresidente estadounidense Donald Trump o el video que circuló en 2022 en el que se ve al presidente ucraniano Volodymyr Zelensky pidiendo a sus tropas que se rindan en la guerra con Rusia, donde tanto su voz como su imagen habían sido alteradas.

Se llaman deepfakes porque son creadas con redes neuronales profundas que buscan imitar la apariencia humana. En Argentina, por ejemplo, está el usuario Tutanka que sube vídeos de Cristina Fernández cantando canciones de moda”, ejemplifica el científico. Además, explica que el uso de la Inteligencia Artificial puede ser peligroso al contribuir a manipular la realidad y desacreditar a ciertas instituciones o personas y “sobretodo si existe algún tipo de polarización preexistente. No sería raro que esto contribuya a profundizar esas diferencias porque hay una porción de la sociedad dispuesta a creer cierto contenido de la contraparte aunque sea falso”, detalla a la Agencia.

Una distopía muy cercana

Hoy en día existen algunas técnicas para detectar si una imagen es real o fue hecha por inteligencia artificial, como prestar atención a las manos que suelen ser algo deformes o mirar los ojos ya que los iris no son tan redondos si fue manipulada la imagen. Sin embargo, el especialista considera que se trata de algo transitorio hasta que esta tecnología mejore.

“Nos pueden servir para detectar algunas cosas pero estamos obligados a pensar que estas imágenes pueden llegar a ser perfectas. Los algoritmos están siendo entrenados para ser indistinguibles, entonces es necesario que guardemos una dosis sana de escepticismo. Quizás de acá a 20 años estemos tan acostumbrados que digamos ‘Ah, sí, esto está generado’ pero ahora estamos viviendo un momento de transición y debemos acostumbrarnos a dudar de la verdad. La tecnología va avanzar y van a existir cada vez menos contenidos reales”, manifiesta.

 
Imagen creada por inteligencia artificial. Créditos: Midjourney.

De la misma manera sucede con el texto, un ejemplo claro es el Chat GPT: “Uno lee los textos y parece que lo escribió cualquier persona porque justamente están entrenados con textos que escribió cualquiera en internet. Son buenos en hacerse pasar por alguien, en imitar”, dice. 

Por su parte, las redes sociales que ocupan un lugar central en la viralización de estos contenidos pusieron en funcionamiento algunas herramientas (aunque suena a poco) para detectar contenidos falsos, como advertencias o repreguntas en casos de compartir contenido sin leerlo.

 

¿Cuál es el límite?

Casi como si fuera un capítulo de la serie Black Mirror, la tecnología avanza sin control y a disposición de todo el mundo. Según Iarussi, hay un cambio de paradigma que sucede de una manera muy veloz.

“Si hace cinco años nos preguntaban si veíamos esto posible, hubiésemos dicho que no. El cambio está pasando aunque casi no lo podamos ver porque es muy fuerte. Mi consejo es no creer de manera impulsiva todo lo que vemos ni compartir aquello que nos genere dudas, pero la responsabilidad mayor la tienen los Estados y las empresas que hacen disponibles estas tecnologías y que impactan fuertemente en el trabajo, la economía, la educación y en el modo de informarse”, sostiene el especialista.

Imagen creada por inteligencia artificial. Créditos: Midjourney.

 

Y agrega: “Nuestro rol tiene que estar en exigir una regulación. ¿Cuántas decisiones de los gobiernos tardan años en los parlamentos pero estas tecnologías las pone una empresa a disposición y pone el mundo patas para arriba sin ningún tipo de regulación? Está bueno que la tecnología exista pero no hay ningún límite ni horizonte temporal de ponerlas a disposición cada cierto tiempo para evaluar los impactos. Es un ‘tenemos esta tecnología, vamos a jugar’. Al no haber una planificación, vamos juntando por atrás los pedacitos de las cosas que se rompen”. 

La inteligencia artificial es una herramienta poderosa que invita (y obliga) a la sociedad a informarse y plantear discusiones: ¿Cómo se usa esta tecnología? ¿Para qué? ¿Vale todo? A simple vista parecen interrogantes del futuro, pero en verdad corresponden a un presente que se escribe de modo continuo.

Fuente: Agencia de Noticias Científicas UNQ 

La Inteligencia Artificial confirma la identidad de restos fósiles de ratones de hace dos mil años

Por SINC.

Una investigación liderada por las universidades Complutense de Madrid y de Burgos y el Instituto de Evolución en África ha logrado una clasificación perfecta de los molares de dos especies de ratón muy próximas (casero y moruno) combinando aprendizaje automático con morfometría geométrica.

Un nuevo enfoque metodológico que emplea Inteligencia Artificial (IA) con morfometría geométrica, desarrollado por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), la Universidad de Burgos (UBU) y el Instituto de Evolución en África (IDEA) ha permitido identificar, con una eficiencia del 100 %, restos fósiles de ratón casero (Mus musculus domesticus) y de ratón moruno (Mus spretus) datados de hace 2200 años en la Cueva del Estrecho (Villares del Saz, Cuenca).

La aplicación de esta metodología para identificar los ejemplares fósiles recuperados en la cueva conquense supera los problemas de otras técnicas de diferenciación taxonómica.

El trabajo, publicado en Quaternary Science Review, “constituye una de las escasas evidencias precisas que permiten confirmar que ambas especies se encontraban en el centro de la península ibérica hace 2.200 años aproximadamente, aportando así nuevos datos para reconstruir los procesos de colonización de estas especies”, destaca Ángel Domínguez García, investigador del departamento de Geodinámica, Estratigrafía y Paleontología de la UCM en el momento del estudio.

Para llevar a cabo el estudio, se fotografiaron más de 300 ejemplares actuales de estas especies de roedores almacenados en diversas instituciones de España, Francia y Marruecos. / Wikipedia.

La identificación de los roedores fósiles se basa habitualmente en la forma y tamaño de los dientes recuperados en los yacimientos paleontológicos o arqueológicos. No obstante, en muchos casos, esta tarea resulta difícil debido a que algunas especies tienen un tamaño y morfología dental muy similar. Este es el caso de las especies del género Mus presentes en la península ibérica desde la Prehistoria.

Los resultados permiten ampliar el conocimiento de los procesos de intercambio de especies entre distintos territorios asociados a las actividades antrópicas desde la Prehistoria. “De esta forma avanzamos en al estudio del origen de una de las principales amenazas a la biodiversidad del planeta en el presente: las especies invasoras”, señala Domínguez García.

Combinar métodos clásicos e IA

Para llevar a cabo el estudio, se fotografiaron más de 300 ejemplares actuales de estas especies de roedores almacenados en diversas instituciones de España, Francia y Marruecos como la Estación Biológica de Doñana, el Museo Nacional de Ciencias Naturales o el Institut des Sciences de l’Evolution de Montpellier (ISEM), entre otros.

Una vez caracterizada la morfología dental de cada una de las dos especies a partir de los ejemplares actuales, el modelo desarrollado se ha aplicado a un conjunto de ejemplares fósiles recuperados en el yacimiento de la Cueva del Estrecho.

Este estudio es el fruto de ocho años de trabajo desde las excavaciones realizadas en la Cueva del Estrecho por el Equipo Lapis Specularis en el marco de las intervenciones arqueológicas asociadas a la adaptación de la cavidad a uso turístico. En él participan, además de las instituciones que lideran, el Museo Arqueológico y Paleontológico de Madrid y el Muséum National d’Histoire Naturelle de París.

“Estos resultados nos llevan a promover el uso de la Inteligencia Artificial aplicada a la investigación paleontológica, como un enfoque alternativo o combinado con los métodos clásicos de identificación taxonómica”, concluye Abel Moclán, primer autor del trabajo e investigador de la UBU y del IDEA.

Referencia: Abel Moclán et al. “Machine Learning interspecific identification of mouse first lower molars (genus Mus Linnaeus, 1758) and application to fossil remains from the Estrecho Cave (Spain)”, Quaternary Science Reviews.
 
Fuente: UCM y SINC.

Chasqui: el mercado libre de la economía social y solidaria

POR Nicolás Retamar para AGENCIA DE NOTICIAS CIENTÍFICAS UNQ

Se trata de una herramienta de comercio electrónico que acerca a productores y consumidores de alimentos con una idea en común: solidaridad, democracia y salud.

Chasqui (nombre con el que se denominaba a los mensajeros que traían y llevaban órdenes y noticias en el imperio Inca) es una plataforma virtual para la Economía Social, Solidaria y Popular. Hecha con software libre y multiplataforma –habilitada para computadoras, celulares y tablets–, está orientada a potenciar la visibilidad, vinculación y ventas de productores de la agricultura familiar, cooperativas, mutuales y otras formas asociativas y autogestionadas. Al mismo tiempo, mejora las condiciones de acceso a consumo saludable de las familias. Lo que nació hace diez años como un proyecto de extensión e innovación de la Universidad Nacional de Quilmes, hoy es un lugar que aloja múltiples tiendas virtuales y nuclea a muchos actores de la sociedad civil en búsqueda de un comercio más justo y democrático.

Proyecto Chasqui nació en 2013 y se materializó en 2020.

“Chasqui es un proyecto colectivo gestionado e impulsado desde la Universidad donde buscamos que haya formas de democratización de los mercados, y en particular de los mercados alimentarios, porque entendemos que democratizar implica generar que más actores puedan participar de esos mercados y que haya más y mejor información para tomar decisiones a la hora de consumir”, cuenta Santiago Errecalde, coordinador de la incubadora de Transformación digital, lugar donde está anclado el proyecto, en diálogo con la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ.

Universidad y territorio

La pregunta surgió en 2013 cuando se determinó que una de las líneas estratégicas de incubación social de la secretaría de Extensión de la UNQ fuera el desarrollo de tecnologías digitales para la valorización económica del territorio: ¿Cómo incorporar tecnología a los procesos de comercialización que hacían las organizaciones en la comunidad?

Luego de una ardua investigación se relevaron las formas en las que comercializaban las organizaciones de la Economía Popular y la Economía Social y Solidaria (ferias, compras colectivas, cooperativas de consumo) y se trabajó con las organizaciones de productores que tenían estrategias específicas de compraventa. Junto a la Federación Argentina de Cooperativas de Trabajo, de Innovación, Tecnología y Conocimiento (FACTTIC), docentes y estudiantes de los departamentos de Ciencia y Tecnología y Economía y Administración de la Universidad se hicieron las primeras pruebas de la página web.

Así, empezó a desarrollarse la plataforma con los criterios que tenían las diferentes organizaciones pero adaptados a la virtualidad: que se puedan realizar compras colectivas, que haya puntos de retiro, que se refleje el valor de los productores y las características de los productos, y que al mismo tiempo fortalezca la administración, el proceso de compraventa, la comunicación y la visibilización del sector.

Tras años de prueba, la pandemia aceleró los procesos y en 2020 Chasqui comenzó a funcionar como lo que es hoy. Hasta enero de 2023, la plataforma tuvo más de cuatro millones de pesos en ventas totales y entregó alrededor de 300 pedidos. En la actualidad, los desafíos del proyecto pasan por ampliar la oferta en la web y articular con políticas públicas que permitan continuar con los trabajos de investigación, de extensión, de incubación.

Necesitamos seguir construyendo conocimiento que sea socialmente útil, que mejore la calidad de vida de las personas y que nos ayude a tener prácticas económicas más sostenibles en el tiempo”, destaca Errecalde.

 

Fuente: Agencia de Noticias Científicas UNQ