Malvinas: cómo la inteligencia argentina buscó información sobre el enemigo

Por Mariano Sciaroni

Documentos desclasificados en 2022 permiten conocer el esfuerzo argentino para obtener datos, planes, ubicación de la flota y partes secretos del Reino Unido durante la guerra de 1982

Los últimos secretos que se develan de las guerras son, generalmente, los relacionados con el mundo de la inteligencia militar. Este mundo, asociado desde siempre a los espías, ha evolucionado enormemente y, en un conflicto moderno, abarca diversos aspectos, muchos de ellos relacionados con la tecnología.

Sin embargo, sigue siendo nebuloso, sus operadores reacios a hablar y los ejércitos involucrados nunca están deseosos de revelar los “ases en la manga”, aun de las guerras pasadas. Tal es así que, por ejemplo, lo relacionado con la interceptación y desciframiento de comunicaciones alemanas por los británicos durante la Segunda Guerra Mundial (el famoso código Enigma) no se dio a entrever sino hasta el año 1974 y oficialmente, se desclasificó recién en 1989.

Mensaje británico en clave interceptado por las Fuerzas Argentinas. Lo único que puede obtenerse del mismo es que fue emitido por CINCFLEET PORTSMOUTH (el comando de la flota en Portsmouth), y que estaba dirigido a otro comando de flota y al Naval Party 1810 (una unidad de reparaciones de la armada británica), con copia al Ministerio de Defensa

No es de extrañar, entonces, que resulte muy poco conocido el esfuerzo argentino para obtener información del enemigo en la guerra de Malvinas.

Aquí, algunas viñetas (a partir de documentación desclasificada en el 2022), que no intentan abarcar lo que se hizo (o dejó de hacer).

«Pinchando» las comunicaciones inglesas

La historia muestra que en todos los conflictos siempre se trató de capturar a los mensajeros enemigos para obtener los documentos que transportaban. La aparición de la radio en el campo de batalla hizo que también se intentara “capturar” ese tráfico.

Hay que tener en cuenta que, tanto los mensajes en papel como el radial pueden estar “en claro” (ser legibles) o cifrados, (que sea necesaria una clave para poder descifrarlo y leerlo).

Artillería argentina durante la guerra de las Malvinas en 1982

Durante la guerra de 1982 los ingleses fueron muy exitosos en leer el tráfico de radio argentino, primero por ser parte de una red global de interceptación de comunicaciones y, después, por contar con los medios para poder descifrar los mensajes que se enviaban desde el continente. Más allá de la experiencia británica en este campo, lo cierto es que muchas de las cifradoras argentinas eran de la fábrica suiza Crypto AG y estaban “pinchadas” por la CIA estadounidense y el servicio de espionaje Alemán Federal. Así, en pocas horas un mensaje argentino (principalmente de la red de la Armada y del Ejército, pero no tanto de la Fuerza Aérea que utilizaba otros equipos), estaba en un escritorio británico. Posiblemente antes que fuera leído por los propios destinatarios.

De todas formas, bastante hicieron las fuerzas argentinas en el mismo campo.

Unidades como la Agrupación de Comunicaciones de Operaciones Electrónicas 601 del Ejército Argentino, tanto desde las islas como del continente -con estaciones realmente en casi todo el país, incluso en Córdoba, Neuquén y Tucumán-, se dedicaron a escuchar las frecuencias de radio británicas, habiendo antes obtenido el detalle preciso de cuáles eran las que utilizaban.

Las unidades contaban con equipos modernos para interceptar comunicaciones y si bien al principio los británicos utilizaban bandas no susceptibles de ser interceptadas (de Muy alta Frecuencia, Ultra Altra Frecuencia, comunicaciones vía satélite, etc), con el correr de tiempo, comenzaron a confiarse. Así, los mensajes pudieran ser interceptados.

En otros casos, no se requirieron equipos complejos y fueron los radioaficionados -muchos del Radioclub Bahía Blanca- quienes captaron los mensajes y los enviaron a las unidades militares

Pero este contenido solo podría leerse para el caso que los mensajes estuvieran “en claro”; esto es, en simple inglés. Muchas veces, los británicos lo hicieron de esta manera. Y los argentinos los escucharon. Se obtuvo así valiosa información. Sin embargo, en otras ocasiones, los mensajes estaban cifrados y no eran más que agrupaciones de cuatro letras. O, directamente, palabrerío sin sentido.

Parte de inteligencia del Destacamento de Inteligencia 181. El mismo da cuenta de diversa información, señalando en algunos casos quien la obtuvo. En el punto 3, se hace mención de que la posición de diversos buques se obtuvo por marcaciones radiogoniométricas, la información de los puntos 5, 6 y 7 posiblemente se obtuvo interceptando comunicaciones radiales británicas.

Los argentinos lograron solucionar parcialmente el problema. En general, el esfuerzo que se hizo para romper los códigos británicos sigue siendo clasificado, aun cuando debe señalarse que el mismo se hizo a cargo de la Compañía “A” del Batallón de Inteligencia 601.

Pero existen casos particulares que hablan de éxitos en este campo. Por ejemplo, después de la escaramuza del Río Murrell, que el 7 de junio enfrentó a comandos argentinos de la Compañía 601 con paracaidistas del 3 Regimiento, y después de la precipitada retirada de las fuerzas británicas, se capturaron (entre otras cosas) equipos de radio y documentación, especialmente copia de procedimientos radiales, frecuencias y nombres en clave. Ello sirvió para que se pudiera tener, por lo menos por unos días, un panorama más claro sobre ciertas comunicaciones en clave británicas.

Anexo secreto de las estaciones de guerra electrónica en el continente y Malvinas. Las mismas obtenían marcaciones de radio, que permitían establecer la posición de los buques. Esta tarea del Ejército Argentino, que ayudó a concretar ataques aeronavales, es muy poco conocida

Los argentinos también pudieron sacar información de mensajes secretos. En este tipo de comunicaciones durante las guerras, muchas veces quien es el emisor y destinatario no viene cifrado (para que solo la unidad que lo tenga que recibir se tome el trabajo de descifrar). Cuando esto ocurrió en Malvinas permitió saber que cierta unidad se encontraba pudieron determinar que los Guardias Escoceses estaban en Monte Kent por el particular acento de sus operadores de radio.

Pero, por sobre todo, existen métodos para conocer mediante trigonometría desde dónde se está emitiendo el mensaje. El Ejército poseía varios radiogoniómetros, móviles y fijos, que fueron de suma utilidad. Esto hizo que las unidades de Guerra Electrónica del Ejército Argentino, en coordinación con equipos de la Fuerza Aérea y la Armada, pudieran triangular la posición de ciertos buques británicos y, con ello planear sus ataques. Esta colaboración del Ejército en los ataques navales es, ciertamente, muy poco conocida. Pero de los mensajes desclasificados puede notarse que se hizo un buen seguimiento a la flota enemiga.

También, mediante radiogoniometría pudieron conocerse dónde estaban varios de los puestos de comando británicos, información especialmente útil en los últimos momentos del conflicto.

En suma, muchas de las comunicaciones británicas fueron interceptadas por los argentinos y utilizadas en su provecho. Se trató de un trabajo metódico y profesional, más teniendo en cuenta que los argentinos tenían enfrente a los líderes mundiales en lo que hace a la disciplina en las comunicaciones seretas.

Aviones soviéticos espían para Argentina

Es conocido que la Unión Soviética suministró a la Argentina cierta información, pero nunca se había confirmado si los grandes cuatrimotores TU-95RTs (Código OTAN “Bear D”), que sobrevolaron varias veces la flota británica, habían compartido sus fotos con Argentina. Pero ahora lo está.

Desde fines de la década de 1970, el 392º Regimiento Aéreo Independiente de Reconocimiento a Larga Distancia de la Armada Soviética (ODRAP) desplegaba una sección de aviones TU-95 al aeropuerto de Luanda, Angola. Antes de ello, los aviones tenían base en Conakry, Nueva Guinea, pero las cambiantes relaciones con los países africanos y, especialmente, la existencia de un gobierno prosoviético en Angola forzaron este cambio.

Luanda se convertiría en un importante punto de despliegue de las fuerzas soviéticas en el Atlántico Sur y, además de influir en los asuntos internos de aquel país (en plena efervescencia entonces) los soviéticos observaban desde allí el tráfico hacia o desde el Cabo de Buena Esperanza, por donde pasaba (y pasa) gran parte del petróleo de Oriente Medio.

Parte de inteligencia del 16 de abril de 1982. Informe proveniente de aviones de inteligencia soviéticos. En la foto un Tu-95RTS soviético, que fuera interceptado cerca de la isla Ascensión por las fuerzas británicas al tratar de sobrevolar al portaaviones HMS Hermes.

Estos grandes aviones de 14.000 kilómetros de alcance contaban con excelentes radares y equipos electrónicos. Sus tripulaciones estaban acostumbradas a interactuar con buques de superficie y submarinos, en tanto uno de sus propósitos era el de buscar blancos para los misiles anti-navío de largo alcance que estos portaban.

Encontrándose fuera del área habitual de operaciones de las marinas occidentales, las tripulaciones tenían una vida relativamente apacible, volando desde allí menos de 200 horas anuales. Pero el conflicto Malvinas hizo que el destacamento, que operaba a casi 11.000 kilómetros de su base habitual en el aeródromo de Fedotovo (norte de Rusia), se volviera especialmente activo.

Específicamente, se le ordenó seguir la evolución de la flota británica, ver su composición y formación, tomar fotografías de los buques y recoger inteligencia electrónica.

Vale agregar, sin embargo, que la primera aparición de los Bear sobre la flota británica ocurrió el 8 de abril, pero no se trataba de aviones destacados en África. En efecto, ese día, dos de los cuatrimotores cubrieron el espacio aéreo del Mar del Norte y llegaron hasta el Oeste de Portugal, para luego regresar a su base en el norte ruso.

Marines sobre la cubierta del HMS Hermes rumbo a Malvinas (Fox Photos/Getty Images)

La tarea de los “Osos” era una misión crítica ya que apenas iniciado el conflicto los soviéticos carecían de satélites que pudieran seguir a la flota británica recién zarpada. Con ello, los aviones destacados en Angola volaron más de 100 horas solo en abril, en misiones que duraban hasta 15 horas, sin aeródromos de alternativa y muchas veces habiendo perdido la comunicación radial con su base, que terminaban usualmente a 300 metros o menos casi sobre la vertical de cualquiera de los dos portaaviones británicos u otros buques relevantes.

El 30 de abril, la sección de TU-95 fue reemplazada por otra, volando está más misiones, y detectándose que en una de ellas se acercaron a Martim Vaz, una isla brasileña perdida en el Atlántico Sur.

Se entiende que las fotografías tomadas por los “Bear” en la década del ´80, eran procesadas recién llegado el avión a la base, con un revelado que podía tardar hasta tres horas. La información de varias de ellas llegó a Argentina, algo que resultó especialmente útil para averiguar la composición de la fuerza de tareas enemiga que se acercaba.

El análisis de la información capturada

El 4 de mayo de 1982, tres aviones británicos Sea Harrier del Escuadrón 800 despegaron del portaaviones HMS Hermes, con la misión de atacar la Base Cóndor, el aeródromo argentino en Pradera del Ganso. Aún cuando volaban muy bajos y tratando de enmascararse con el terreno, fueron divisados por un puesto de observación argentino, que informó de los incursores.

Al llegar a su objetivo, los esperaba un nutrido fuego de artillería antiaérea de 20mm (de la Fuerza Aérea) y de 35mm, del Ejército Argentino. El teniente Nicholas Taylor al comando de uno de los aviones, no pudo evadirse a tiempo y fue derribado. Los otros dos aviones apenas lograron escapar de aquel infierno.

Encabezado de un informe enviado desde Malvinas, el 4 de mayo a las 15:30. Da cuenta de la información recuperada del avión británico derribado ese mismo día al atacar Pradera del Ganso. En la foto, piezas partes del Sea Harrier FRS.1 matrícula XZ450 que estuviera al comando del Teniente Nicholas Taylor y que explotó al tocar tierra, luego de ser impactado por fuego antiaéreo. El piloto falleció, pero su cuerpo (con la cartografía y documentación luego capturada) fue encontrado en el asiento eyectable, distante de la enorme explosión.

Sin embargo, mientras el cuerpo del teniente Taylor era enterrado con honores militares, analistas de inteligencia de la Fuerza Aérea revisaban la documentación que llevaba, entre ellos su anotador de rodilla, lleno de datos muy valiosos. Entre esos datos, surgía cual era el alcance real de los aviones Sea Harrier, con diversas configuraciones de armas y según si despegaran verticalmente o luego de una corta carrera.

Era el dato que faltaba a la Central de Operaciones de Combate que el capitán de fragata Luis Anselmi, comandante de la Estación Aeronaval Malvinas, había montado hacía pocos días en Puerto Argentino. Si sumaban esa información a la que les proporcionaba el radar de la Fuerza Aérea, relacionada con los momentos en que los aviones enemigos aparecían y desaparecían en su pantalla, podían determinar con un margen de error pequeño cúal era la posición aproximada de los portaaviones británicos, máximo objetivo de la aviación argentina.

A partir de allí, las fuerzas argentinas conocieron con gran precisión la ubicación de los portaaviones británicos, que sirvieron de base para los ataques aeronavales de los días 23, 25 y 30 de mayo de 1982 (este último, con la participación también de aviones de la Fuerza Aérea).

El Teniente de Navío Luis Collavino al comando del Super Étendard 3-A-205 vuela a la búsqueda de la flota británica, el 30 de mayo de 1982. La posición de los portaaviones británicos que se atacarían ese día provenía (en parte) de Puerto Argentino y el análisis de los documentos del Teniente Taylor había posibilitado obtenerla.

Estas son algunas de las tantas viñetas de lo que fue recolectar información en Malvinas. Hay muchas más, todas dando cuenta del ingenio y profesionalidad del soldado, aviador y marino argentino.

Fuente: Infobae

El descubrimiento de galaxias masivas lejanas desafía la comprensión sobre el universo temprano

Por SINC.

Un equipo internacional, con participación de la Universidad de Valencia, ha identificado seis poblaciones masivas de estrellas. El hallazgo pone en cuestión el conocimiento consolidado por la comunidad científica en torno a la génesis del cosmos.

El descubrimiento de galaxias en el universo temprano –es decir, observadas a tan solo centenares de millones de años tras el Big Bang– facilita a los astrónomos nuevos conocimientos sobre la historia temprana del universo. En particular, a través del estudio de sus colores, los astrónomos pueden reconstruir sus principales propiedades físicas, como su masa estelar, su edad o la presencia de agujeros negros supermasivos en sus núcleos.

Un grupo de científicos, en el que participa el departamento de Astronomía y Astrofísica de la Universidad de Valencia (UV), ha descubierto una población de seis galaxias observadas en una época entre 500 y 800 millones de años tras el Big Bang, y caracterizadas por un color intrínseco más rojo de lo común en galaxias de la misma época.

Población de galaxias masivas observadas, candidatas a pertenecer al universo temprano. / Gabriel Brammer (Universidad de Copenhage)

Aunque dichos hallazgos necesitan todavía confirmación espectroscópica –de ahí que queden registradas bajo la denominación de ‘candidatas’–, el trabajo sugiere ya una abundancia de estrellas antiguas en estas galaxias, lo que implica que sus masas estelares podrían llegar a ser hasta 100.000 millones de veces superiores a la de nuestro Sol. Y esto aun perteneciendo a una época cósmica de intensa formación de nuevas estrellas; es decir, un momento en que, se supone, las estrellas eran todavía muy jóvenes.

“Lo más fascinante es que, aunque solo llegara a confirmarse una fracción de estos nuevos objetos, esto ya implicaría masas entre 10 y 100 veces más grandes de lo esperado”, asegura Mauro Stefanon, investigador de la UV y uno de los firmantes del artículo publicado este miércoles en Nature.

Mario Stefanon, investigador de la Universitat de Valéncia / Universitat de Valéncia

La combinación de todos estos factores –número de galaxias, masa y antigüedad estelar– sugiere al equipo de investigación que la formación de estrellas en las primeras galaxias pudo haber sido un proceso mucho más eficiente de lo que se consideraba hasta ahora.

“Las galaxias observadas en estas épocas han mostrado generalmente colores azules, indicativos de una intensa formación de nuevas estrellas”, comenta el científico. “En cambio, y de forma inesperada, las galaxias ahora identificadas exhiben colores más rojos, lo que las convierte en candidatas a formar parte del elenco de galaxias antiguas en el universo temprano”, añade.

El telescopio espacial James Webb, un nuevo ojo en el cosmos

A efectos del ojo humano y desde la Tierra, la población de galaxias identificada en este trabajo ocupa una pequeña región del cielo equivalente a una veinteava parte de la superficie de la Luna. Acercarse al cosmos y lograr los resultados ahora obtenidos por el equipo internacional que lidera el astrofísico Ivo Labbé (Centro de Astrofísica y Supercomputación, Australia) es algo que la ciencia ha de agradecer al telescopio espacial James Webb (JWST).

Este observatorio, resultado de la colaboración entre las agencias espaciales de EE UU (NASA), Europa (ESA) y Canadá (CSA), está proporcionando a la comunidad científica su primera visión de la formación estelar, del gas y del polvo en galaxias a lo largo del 98 % de la historia del universo, con una resolución y una sensibilidad sin precedentes en longitudes de onda infrarrojas, algo fundamental a la hora de detectar las galaxias más lejanas.

“El telescopio James Webb permite captar imágenes con una resolución hasta 20 veces mayor y datos mucho más sensibles que los obtenidos hasta la actualidad con los telescopios espaciales Hubble y Spitzer. Hallazgos como este constatan la efectividad del observatorio espacial y la eficacia de estudios que utilizan sus múltiples filtros para la para la identificación y caracterización de las primeras galaxias”,  asegura el investigador de la UV.

 
Referencia: Stefanon, M. et al. A population of red, candidate massive galaxies 500-700 Myr after the Big Bang. Nature  (2023).

 
 
Fuente: UNIVERSITAT DE VALÈNCIA y SINC.

La UNLP sale a conquistar el espacio y lanzará su propio nanosatélite 

POR María Ximena Perez para AGENCIA DE NOTICIAS CIENTÍFICAS UNQ

Es el primero en su tipo ideado por la Facultad de Ingeniería. Ingresó a la fase de fabricación y orbitará la Tierra antes de fin de año.

Si se piensa en un satélite artificial, generalmente se imagina un enorme aparato de material resistente y que pesa toneladas. Sin embargo, no todos son así: en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) están fabricando uno que tiene el tamaño de un pan lactal y que podrá realizar observaciones atmosféricas y del suelo. ¿De qué se trata? Su nombre es USAT I y es el primer satélite del programa “Satélite Universitario” de la UNLP.

“Pesa alrededor de 4 kilos y sus medidas son 10 por 10 por 34 cm, similar al tamaño de un pan lactal”, dice Sonia Botta, ingeniera del Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA) de la Facultad, a cargo de la coordinación del proyecto.

Representación artística del USAT 1 en órbita.. Imagen: Centro Tecnológico Aeroespacial/David Williams Rogers

Diseñado y fabricado por el CTA, en conjunto con el grupo de Sistemas Electrónicos de Navegación y Telecomunicaciones (SENyT), ambos de la Facultad de Ingeniería, este pequeño satélite del tipo CubeSat tiene como objetivo demostrar el funcionamiento del sistema GNSS, herramienta destinada para su uso en navegación y determinación orbital, y para mediciones mediante la técnica de radio-ocultación.

Botta explica que el GNSS es una forma genérica de llamar a todas las constelaciones satelitales que están destinadas al uso en navegación. Un ejemplo conocido popularmente es el GPS. “Con nuestro receptor GNSS vamos a poder detectar señales de GPS que viajan a través de la atmósfera y de la tierra”. En ese sentido, se busca probar tres cosas. La primera será demostrar su uso en navegación, pero una vez que se tenga el resultado positivo, se probarán dos técnicas científicas: la radio ocultación y la reflectometría.

La función del satélite, bajo esta premisa, se relaciona con la demostración tecnológica de técnicas científicas para la observación de la Tierra. “Apuntamos a que pueda realizar observaciones atmosféricas y del suelo en territorio argentino, pero como es una órbita que recorre todo el mundo, está abierta la colaboración con otros países“, detalla la coordinadora. Y agrega: “Una vez que el satélite esté en órbita, la misión va a ser de demostración tecnológica y su carga útil será un receptor GNSS desarrollado por el grupo SENyT”.

¿Cómo son las técnicas de medición?

La reflectometría GNSS o GNSS-R hace uso de las señales de GNSS reflejadas en la superficie de la Tierra. Es un tipo de técnica científica que comenzó a demostrarse en satélites hace poco más de una década. Se puede utilizar en mediciones de características del suelo, como humedad, cobertura de vegetación o altimetría. En este modo, el receptor y el satélite GNSS emisor trabajan como un radar bi-estático. “Es posible medir cómo influye sobre la señal del GPS el rebote en la tierra. Si podemos detectar cambios en esta señal, podremos saber, por ejemplo, características del suelo, como humedad, cobertura de vegetación, tipos de suelo e, incluso, vientos superficiales en océanos”, describe la especialista.

La técnica científica radio-ocultación GNSS o GNSS-RO mide, de forma indirecta, la refracción de la señal emitida por satélites GNSS en la atmósfera. Dependiendo de la posición del receptor, se puede utilizar para estudiar características de las capas superiores de la atmósfera (por ejemplo, ionósfera) o de las capas inferiores (como la troposfera). “Podemos detectar variables atmosféricas, como presión, temperatura y contenido de electrones”, sostiene.

Lo que vendrá

En septiembre del año pasado, el USAT I atravesó con éxito la Revisión Crítica de Diseño (CDR), un paso fundamental para dar inicio a su construcción. En la actualidad, se está terminando con las compras para arrancar la construcción del modelo de vuelo.

“Estamos en un estado bastante avanzado donde esperamos que próximamente podamos tener un modelo de vuelo completo para empezar a hacer todos los ensayos finales que se requieren para ir al espacio”, afirma Botta. Y concluye: “La fecha del lanzamiento depende de cuando terminemos el satélite y de cuando surjan oportunidades de lanzamiento, pero esperamos hacerlo antes de fin de año, entre octubre y noviembre”.

 

Fuente: Agencia de Noticias Científicas UNQ