Victoria Flexer: “La minería de salmueras tiene un futuro muy promisorio en la región”

Por Nadia Chiaramoni para AGENCIA DE NOTICIAS CIENTÍFICAS UNQ

Esta joven científica del Conicet concentra sus esfuerzos en aprovechar los beneficios del litio. Aquí describe el presente de un elemento lleno de futuro.

La directora del Centro de Investigación y Desarrollo en Materiales Avanzados y Almacenamiento de Energía de Jujuy (CIDMEJu) dialoga con la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ. En esta oportunidad, relata cómo fue su paso por los diferentes centros de investigación alrededor del mundo, cuenta su presente en Jujuy y describe sus últimos trabajos vinculados al metal más disputado de toda la tabla periódica: el litio.

Victoria Flexer, directora del Centro de Investigación y Desarrollo en Materiales Avanzados y Almacenamiento de Energía de Jujuy. Fuente: Télam

Litio, salmuera y agua dulce

-¿Qué hacen en el CIDMEJu?

-Tenemos tres grandes líneas de trabajo. La primera tiene que ver con nuevas técnicas de minería o nuevas formas de procesamiento minero. Nos enfocamos en la búsqueda de nuevas tecnologías más sustentables, amigables con el ambiente y más eficientes desde un punto de vista técnico-económico. El eje es la recuperación de sales de litio, pero también de otros minerales que puede haber en la Puna, como sales de magnesio y potasio, y boratos. No trabajamos en cualquier tipo de minería sino en la vinculada a las salmueras donde el mineral de interés está soluble. Tengo que remarcar que las salmueras son soluciones salinas muy concentradas, con una salinidad diez veces superior al agua de mar. Por esto, es una minería muy diferente a la tradicional que es la que va a la roca.

-¿Y las demás líneas?

-Bueno, la segunda línea de trabajo tiene que ver con desarrollo de nuevas baterías y dispositivos para almacenamiento de energía, en particular baterías recargables de litio. De ahí se desprenden sublíneas relacionadas a la síntesis de productos de gran valor agregado a partir de los productos de la minería. Por último, hay una tercera línea que tiene que ver con la recuperación secundaria, me refiero al reciclado. Está enfocada en obtener el litio y otros metales que hay en dispositivos tecnológicos; estamos trabajando con baterías agotadas de litio y paneles solares.

-¿Cuáles son los aportes más importantes hasta el momento?

-Nuestro eje más fuerte son las nuevas tecnologías vinculadas al desarrollo minero. Lo que nos interesa es, por un lado, diseñar tecnologías que no tengan que ver con la evaporación del agua, que es lo que se hace actualmente para obtener sales de litio. Al enfocarnos en no evaporar el agua, se nos ocurrió mirar una salmuera de forma distinta.

-¿Cómo de una manera distinta?

-Una salmuera es una sopa multicomponente, con muchos elementos donde el litio es muy minoritario. En general la mayoría de los desarrollos tecnológicos alternativos se focalizan en la recuperación selectiva del litio sin mirar el todo. Es algo así como un “me quiero sacar de encima todo lo demás” y todo lo demás incluye al agua. Pensamos el problema desde otro ángulo, “todo lo demás” también puede tener valor comercial y una utilidad muy importante.

-¿Algún ejemplo?

-Las sales de magnesio y potasio. El magnesio se utiliza en montones de industrias, como las metalúrgicas, de la construcción, también como fertilizantes y en aplicaciones medicinales. El potasio es fundamentalmente un fertilizante. Argentina es un país agrícola que importa volúmenes gigantescos de fertilizantes, de hecho, no hay suficiente producción. Mi idea es desarrollar algún tipo de tecnología que intente la recuperación sucesiva o secuencial de varios subproductos. Si a la salmuera le sacamos todo lo que tiene, en definitiva, simplificará mucho la recuperación a posteriori de las sales de litio.

-¿Y el agua?

-La salmuera contiene agua, aproximadamente, un 75 por ciento en peso. Si se le sacan todas las sales, es posible convertir a una salmuera en agua dulce, como un subproducto de la minería. La salmuera per se, sin ningún tipo de tratamiento, no sirve como agua ni en la industria, ni como riego, ni para consumo humano, ni animal. Hay que tener en cuenta que una salmuera tiene diez veces más sales que el agua de mar: si no se puede usar el agua de mar sin un tratamiento, menos se va a poder utilizar la salmuera. Sacar las salas como producto secundario daría como resultado agua de baja salinidad que podría usarse para riego, para procesos mineros que suelen necesitar agua y esto mejoraría la calidad de vida de la gente que vive en la Puna, ya que el agua no es abundante.

-Su equipo se destaca por tener investigadores e investigadoras que provienen de diversas latitudes…

-Somos ocho investigadores e investigadoras del Conicet, formados en distintas partes del país. Soy la única nacida en CABA y formada en la UBA. En el CIDMEJu también trabajan Álvaro Tesio, formado en la Universidad de Rio Cuarto, Pablo Orosco formado en Salta, con un doctorado de la Universidad de San Luis que, al formarse el instituto, se vino para acá. Walter Torres nació y se formó en Santiago del Estero y el doctorado lo hizo en Tucumán. César Díaz Nieto es Jujeño, hizo el doctorado en Rio Cuarto y se sumó también. Ana Laura Páez Jerez se doctoró en Tucumán, Carolina Arrua es Biotecnóloga y doctora en Química de Rosario y Laura Vera tiene un doctorado en Química de la Universidad de La Plata. El personal técnico es de Jujuy, así como los posdoctorandos y tesistas de grado y doctorado.

-El Instituto que dirige es ampliamente federal. ¿Cómo ve el futuro de este tipo de minerías?

La minería de salmueras tiene un futuro muy promisorio, no solo en Argentina sino en la región. La demanda a nivel mundial de sales de litio va continuamente en aumento; debe ser uno de los minerales que tiene la mayor tasa de crecimiento a nivel mundial. Es más, se estima que hay una duplicación de la demanda cada cuatro o cinco años y por lo tanto mucho interés de las empresas que van a necesitar este mineral en el desarrollo de los proyectos mineros.

-Y Argentina, en este sentido, podría desempeñar un rol estratégico.

-Es que la minería a partir de salmueras es técnicamente más sencilla y económica, si se la compara con la que se basa en la roca. Por supuesto que nos gustaría jugar un rol importante y tenemos varios proyectos que tienen que ver con el desarrollo de nuevas tecnologías de procesamiento. Porque, al margen de las cuestiones ambientales en debate, las tecnologías actuales son bastante ineficientes. Por este motivo, las empresas están muy interesadas.

De aquí, allá y todas partes

-¿Cómo es que alguien que nació en CABA e inició su carrera científica en plena ciudad terminó trabajando en una zona como la Puna?

-En realidad, trabajo en la provincia de Jujuy. El instituto está ubicado en Palpalá, que queda 18 kilómetros al sur de San Salvador de Jujuy. La Puna es una parte grande de la provincia y está ubicada a más de 3 mil metros sobre el nivel del mar. Ahí están efectivamente los salares. Pero lo cierto es que siempre fui inquieta. Hice mi carrera de grado y doctorado en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y luego realicé tres estancias posdoctorales en el extranjero: la primera en Bordeaux, Francia, durante 3 años. Después estuve casi dos años en la Universidad de Queensland en Australia y finalmente un poco más de dos años en la Universidad de Ghent en Bélgica.

-¿Y Jujuy cuando llega a su vida?

-Hay un costado personal y otro profesional. Desde lo profesional, supe por diferentes fuentes que se estaba pensando en la creación de un centro de investigación y desarrollo vinculado a áreas de la química en la provincia. Me decían que no había nadie y que era una buena oportunidad. Era un desafío crear algo desde cero, pero me pareció que era muy conveniente para gente joven. Desde mi punto de vista, en muchos lugares y, particularmente en Argentina, podes acceder a un puesto de investigación, pero eso no garantiza una independencia científica. Por cómo está estructurado el sistema científico, muchas veces no existe la posibilidad de llevar adelante líneas de investigación que uno necesariamente quiere porque los puestos no vienen acompañados de un financiamiento que permitan el establecimiento de grupos de investigación ni garantizan la llegada de becarios y becarias para realizar trabajos de tesis. Muchos centros de investigación tienen grandes directores de grupos que, si bien tienen muchísima experiencia, también acaparan muchísimo y son, de alguna forma, una limitación para la independencia de quienes están por debajo.

-Un lugar nuevo significaría, entonces, más independencia…

-Sí, claro. Además, está la Universidad Nacional de Jujuy, con graduados de las carreras de ingeniería, y eso daba también un pool interesante de personas para realizar trabajos de tesis doctoral.

-¿Y el costado personal?

-Bueno, a mí me gusta mucho el aire libre. Me entusiasmaba la posibilidad de vivir en un lugar con acceso directo a la montaña. En el exterior nunca viví en grandes ciudades, sino en sitios mucho más chicos que Buenos Aires, pero que brindan una mejor calidad de vida. También hay que decir que hubo un tercer ingrediente y es que fui bastante crédula, me hicieron muchas promesas sobre mi trabajo en Jujuy que no se cumplieron; sin embargo, otras sí y eso es muy bueno.

-¿Qué aprendió de cada experiencia?

-La importancia que se le da a la escritura de subsidios y el hecho de manejar proyectos grandes son cosas que tienen mucho que ver con la “cocina de la ciencia”. Por ejemplo, me di cuenta que el sistema francés es muy similar al argentino, en la medida en que se enfoca en lograr planta permanente y tiene un costado muy positivo. En cambio, el sistema australiano es más parecido al de Estados Unidos, que se centra en los grandes subsidios con los que podés no solo comprar reactivos y equipamiento, sino también pagar los salarios de los investigadores. Como hay poca planta permanente, los investigadores están buscando fondos de manera constante, incluso, para pagar los propios salarios. Eso hace que mucha gente se caiga del sistema.

-Imagino que para las mujeres debe ser muy difícil.

-Desde el punto de vista del feminismo es algo muy negativo. Hay grandes choques con las licencias por maternidad porque el subsidio que más dura es de tres o cuatro años. Si llegás a tener dos hijos seguidos, te caes del sistema. Se puntúa mucho a la producción de resultados inmediata porque hay que demostrar rápidamente lo que estás haciendo. Eso irremediablemente quita libertad para los proyectos un poco más ambiciosos que tardan más en producir resultados.

-¿Qué puede decir con respecto al sistema local?

-Pienso que si bien ha habido muchos avances interesantes en los últimos ocho o nueve años, sigue faltando mucho. Uno de los aspectos que hay que modificar, en mi opinión, tiene que ver con la gestión. Algo que voy a repetir hasta el hartazgo es que estamos malgastando tiempo de científicos y científicas que fueron formados para trabajar en química, física, biología, sociología o economía, en llevar adelante trámites que son muy complejos y que consumen muchísimo tiempo. En mi caso particular, dedico gran parte del tiempo a cuestiones de gestión y, si bien eso termina contribuyendo a que se haga ciencia, resta tiempo para el análisis de datos y la discusión de resultados científicos.

 

Fuente: Agencia de Noticias Científicas UNQ

Estados Unidos anuncia un “gran avance” hacia el objetivo de la energía de fusión nuclear

Por SINC.

Científicos del Lawrence Livermore National Laboratory, en California, han logrado dar un nuevo paso en el objetivo de a búsqueda de energía ilimitada y sin emisiones de carbono al conseguir por primera vez una ganancia neta de energía en una reacción de fusión, según ha anunciado la secretaria de Energía del Gobierno de EE UU.

El Gobierno de EE UU ha confirmado este martes que sus científicos han logrado una fusión nuclear con ganancia neta de energía, lo que posibilita una producción menos costosa y limpia con el medioambiente.

“Esto es solo el comienzo”, dijo la secretaria de Energía de EEUU, Jennifer Granholm, en una rueda de prensa junto a la directora de la Política de Ciencia y Tecnología de la Casa Blanca, Arati Prabhakar, y otros responsables gubernamentales y científicos.

El pasado 5 de diciembre, expertos del Lawrence Livermore National Laboratory de California lograron por primera vez una reacción de fusión nuclear con ganancia neta de energía, es decir, que produjeron más energía que la empleada en el proceso.

 
Fotografía publicada en Twitter por el Departamento de Energía de EE UU que ha anunciado el logro por primera vez una reacción de fusión nuclear, que ha producido más energía que la empleada, sin causar residuos contaminantes. EFE /Lawrence Livermore National Laboratory / U.S. Department of Energy

La subsecretaria de la Administración Nacional de Seguridad Nuclear (NNSA, en inglés) Jill Hruby afirmó en la comparecencia ante los medios que haber logrado fusión nuclear con ganancia neta de energía, “es un hito para la ciencia”.

“Alcanzar la ignición en un experimento de fusión controlada es un logro que viene tras 60 años de investigación global de desarrollo, ingeniería y experimentación”, indicó Hruby.

Explicó que para conseguir esta hazaña los científicos dirigieron 192 láseres contra un objetivo del tamaño de una palomita de maíz, en concreto cápsula con deuterón y tritón, a unos 3 millones de grados Celsius.

De esta manera, «simularon de forma breve las condiciones de una estrella y lograron la ignición», apuntó Hruby.

Aún hay obstáculos científicos y tecnológicos

No obstante, la directora del laboratorio de California, Kim Budil, matizó que todavía hay “obstáculos significativos no solo científicos sino tecnológicos” a la hora de tener fines comerciales.

“Esto ha sido solo una cápsula que ha ardido una vez y para obtener energía de fusión comercial se necesitan muchas cápsulas que consigan producir varios eventos de ignición de fusión por minuto”, detalló Budil.

En ese sentido, calculó que se tardarán aún “unas pocas décadas” con un esfuerzo concertado de inversión para poder construir una planta eléctrica que funcione con fusión nuclear.

Por su parte, el viceadministrador de la NNSA para Programas de Defensa, Marvin Adams, recordó que la fusión “es un proceso esencial en las armas nucleares modernas y que tiene potencial para crear energía limpia en abundancia”.

Aseguró que este hallazgo permitirá experimentos de laboratorio que ayudarán a los programas de NNSA de disuasión de armas, “sin pruebas nucleares explosivas”.

Asimismo, subrayó, “sustenta la credibilidad de nuestra disuasión demostrando al mundo un liderazgo en experiencia y en tecnología armamentística relevante”.

 
 

Fuente: EFE y SINC.

Cómo aprovechar a gran escala los restos de la industria alimentaria

Por Analía Iglesias para SINC.

En un mundo condicionado por la comida, la valorización de los desechos industriales podría ser otro incentivo de rentabilidad para los productores de alimentos. Investigadores estadounidenses evalúan cómo mejorar la seguridad energética y reducir el impacto ambiental, dándole una segunda vida a la basura orgánica.

“La comida es la fuerza más influyente de nuestra vida y nuestro mundo, esencial para nuestras relaciones con la naturaleza y entre nosotros”, escribe la arquitecta Carolyn Steel en el libro Sitopía, de reciente aparición en español. Por esto, la autora llama a “cambiar con urgencia nuestra manera de comer y producir comida, lo cual significa que debemos volver a valorarla”. En ese valorar lo que ingerimos se incluye, sin dudas, prestar atención a su ciclo completo, es decir, integrando los restos. Y no solo las sobras domésticas, sino los residuos del procesamiento industrial de alimentos.

Hay, por ejemplo, desechos derivados de la extracción del mosto del vino, de la malta de la cebada de la cerveza o del procesamiento de la soja que tienen una segunda vida alimenticia, como sustancias de alto poder antioxidante y protector de las células. El bagazo (lo que queda de las uvas tras extraer su jugo), el orujo, el alperujo de las almazaras (tras la fabricación del aceite de oliva) y la okara (o pulpa de soja) son considerados residuos orgánicos que, por sus propiedades, pueden seguir nutriéndonos, en tanto ingredientes de otros alimentos procesados o de suplementos dietéticos.

Varios estudios han encontrado utilidad a otros restos de la industria alimentaria, que podrían convertirse en neumáticos de coches o en biocombustibles. Son los casos de la piel del tomate y las cáscaras de huevo que han probado su eficacia como sustitutos del caucho, sin ir más lejos. También hay vida extra para las cáscaras de patatas, las migas de masa frita, el suero del queso y otras materias de desecho, procedentes del tratamiento industrial de alimentos, que invariablemente terminan en vertederos, y que podrían servir para obtener biogás y electricidad, o fertilizantes orgánicos.

 
Los residuos orgánicos pueden tener una segunda vida reciclados en suplementos dietéticos o servir para la obtención de biocombustibles. / OpenIDUser2

Así, junto al valioso reciclaje artesanal para obtener compost que ya practican muchas familias, hay científicos que se han propuesto ir un paso más allá, con el objetivo de estimar los mejores usos a gran escala para los residuos orgánicos del procesamiento de alimentos. Con ese fin, ha sido necesario analizar exhaustivamente su contenido y, basándose en esos hallazgos, proponer oportunidades de producción, que tendrán en cuenta su tasación.

Un estudio desarrollado por un equipo de la Universidad del Estado de Ohio (EE.UU.), y publicado recientemente en la revista Science of the Total Environment, propone formas rentables de utilizar restos industriales, que podrían conseguir que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) resulte tentador también para los industriales del sector de la alimentación.

En el trabajo, las investigadoras anuncian que hay dinero por recuperar y potencial para contribuir en la lucha contra el calentamiento global, al encontrarle una nueva utilidad, a gran escala, a los millones de toneladas de basura que, anualmente, se vierten en las alcantarillas o se acumulan en los vertederos. Para ello, resulta crucial determinar el valor potencial de lo que, normalmente, se echa a perder.

Se trata de desechos que, «de otra manera, no tendrían valor o incluso representarían un drenaje de recursos para una empresa, que tiene que gastar dinero para deshacerse de ellos», explicaba, en la presentación, Katrina Cornish, autora del estudio y profesora de Horticultura y Ciencia de Cultivos e Ingeniería alimentaria, agrícola y biológica en la Universidad Estatal de Ohio (EE UU).

Esta científica de materiales bioemergentes menciona la bioeconomía como una disciplina indispensable para implementar nuevos modelos de negocio, sobre la base de experiencias de éxito en ese sector industrial.

Lo que ‘se echa a perder’

Para este trabajo, se recolectaron un total de 46 muestras de desechos, incluidas 14 de grandes compañías de procesamiento de alimentos de Ohio, y se dividieron en cuatro categorías amplias: vegetales, restos ricos en grasas, lodos industriales y almidón. Caracterizaron las propiedades físicas y químicas del contenido de la muestra y probaron que algunos desechos con almidón demostraban ser buenos candidatos para la fermentación en plantas de acetona química (que se usa en la fabricación de plásticos, fibras y medicamentos, entre otros).

En términos generales, la densidad de energía de un tipo de desecho –basada en el poder calorífico– y la relación carbono-nitrógeno fueron los principales elementos evaluados para determinar su potencial de reutilización. Por ejemplo, los residuos grasos y los minerales pueden transformarse en biogás, a través del proceso de la digestión anaerobia (o biometanización). Por su parte, los remanentes de soja tienen suficiente densidad de energía como para ser utilizados en la producción de biodiesel.

Queda claro, pues, que las sobras vegetales bajas en calorías no son las más apropiadas para la producción de energía, pero sí resultan abundantes fuentes orgánicas de flavonoides, antioxidantes y pigmentos que podrían extraerse y usarse en compuestos con beneficios para la salud.

En cuanto a otros materiales bioemergentes, la autora principal del estudio e investigadora de la Universidad del Estado de Ohio, Beenish Saba,  explica a SINC que “existe un amplio margen para el desarrollo de productos de base biológica”, lo que, por supuesto, incluye “el uso de biorresiduos como componentes de materiales y procesos”. Por otro lado, destaca, “la licuefacción termoquímica y la digestión anaeróbica evitan la necesidad de secar los desechos antes de su uso y deben explorarse en este contexto”.

Este trabajo, que está en la línea del objetivo de la Environmental Protection Agency norteamericana de reducir el 50 % el desperdicio de alimentos, en 2030, según la autora, puede dar una de las claves metodológicas para reducir esa pérdida: la “valorización” de los desechos.

Consultada sobre las mejores oportunidades de aprovechamiento a gran escala de este tipo de residuos, Saba sostiene que “la construcción de una biorrefinería para la fermentación o la electrofermentación de desechos para producir compuestos químicos podría representar esa oportunidad”.

Además, acerca de la posibilidad concreta de que las grandes procesadoras de alimentos tengan sistemáticamente en cuenta su huella ecológica y consideren alargar la vida útil de sus materias primas, la científica asegura que ya hay productores industriales que “están comenzando a rastrear datos de su impacto ambiental, en respuesta a los requerimientos del gobierno federal”. Esta es la razón, detalla, por la que desde el ámbito universitario se alberga la esperanza de que algunos de ellos “estén dispuestos a trabajar conjuntamente con los científicos para desarrollar modelos de datos que puedan resultar útiles”.

La científica insiste en que “la valorización de los desechos es importante para rebajar costes de gestión de residuos y, al mismo tiempo, reducir las emisiones de gases vinculadas al vertido o eliminación de los mismos”. De ahí que, en su criterio, “la industria debería apoyar la investigación universitaria para generar datos primarios en el campo de la valorización de los desechos”. Asimismo, añade que el compromiso con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas podrían inspirar a las agencias de protección ambiental a desarrollar planes de financiación para la investigación en esta área por parte de institutos de investigación y universidades”.

El cálculo de los nuevos usos

Si bien este estudio es un punto de partida, como reconocen los autores, la idea es que los productores de alimentos encuentren alicientes para considerar la posibilidad de hacer algo con esos productos de desecho que actualmente se tratan como basura.

El maíz ya se está cultivando para ser transformado en biocombustible, acetona y butanol, por lo que este trabajo, apoyado por el departamento de Agricultura del Instituto Nacional de Alimentación y Agricultura de EE UU, procura identificar otras fuentes de desechos ya disponibles, que también pueden convertirse en productos con nueva vida.

Así lo expone Saba: “Las tecnologías de conversión propuestas requieren energía para operar y también producen otros desechos secundarios, pero el modelo de valorización sienta las bases para renovados análisis del ciclo de vida completo de los alimentos y sus residuos, que ayudarían a cuantificar los beneficios ambientales de la reducción de desechos a gran escala”.

Lo que esperan desde la Universidad, según confiesa Cornish, es que “los productores realmente analicen sus costos y su huella, y vean cuál de estos enfoques podría funcionar para sus desechos, cuál sería el menos lesivo, en términos financieros (y preferiblemente rentable), y el que también minimizará cualquier huella de carbono”. En cuanto a la aportación a la lucha contra el cambio climático, “cualquier residuo que pueda ser valorizado tiene un impacto directo en las emisiones que producen el calentamiento global y en el ecosistema”, subraya.

Beenish Saba apuesta, finalmente, por la amplia comunicación de los avances científicos a los gestores públicos y a la población en general para “crear conciencia” acerca del rendimiento que puede ofrecer la basura.

De la sal al hidrógeno

Otras fuentes de energía podrían provenir incluso de condimentos baratos y comunes, tales como la sal. Los grandes depósitos subterráneos de este compuesto químico podrían servir como tanques de hidrógeno, conducir el calor a las centrales geotérmicas y aportar soluciones al almacenamiento de CO2, según un reciente estudio dirigido por investigadores de Geología Económica de la Universidad de Texas y publicado en la revista Tektonika.

El saber histórico sobre la sal y sus yacimientos podrían desempeñar, además, otros papeles relevantes en la transición energética hacia fuentes más limpias: “Vemos potencial en la aplicación de los conocimientos y datos obtenidos durante muchas décadas de investigación, exploración de hidrocarburos y minería en cuencas salinas a las tecnologías de transición energética”, afirma el autor principal Oliver Duffy.

El investigador sostiene, asimismo, que “una comprensión más profunda de cómo se comporta la sal contribuirá a optimizar el diseño, reducir el riesgo y mejorar la eficiencia de una serie de tecnologías de transición energética”.

En efecto, la sal influye en la formación de las capas subterráneas de la Tierra. Las fuerzas geológicas la exprimen con facilidad para formar depósitos complejos y masivos y estas estructuras ofrecen una “serie de oportunidades para el desarrollo energético y la gestión de emisiones», según Lorena Moscardelli, coautora del estudio.

Los depósitos de sal pueden albergar cavernas para el almacenamiento de hidrógeno (izquierda) y ayudar a canalizar el calor para la energía geotérmica (derecha). La geología cercana a las formaciones salinas (centro izquierda) puede aprovecharse para el almacenamiento permanente de carbono. / The University of Texas at Austin / Jackson School of Geosciences

Acerca de la posibilidad de almacenar gases o líquidos en el subsuelo, ya hay certezas sobre el comportamiento de las cúpulas de sal como contenedores de probada eficacia, utilizados por las refinerías de petróleo y la industria petroquímica. Según el documento, estas formaciones salinas también podrían aprovecharse como depósitos de hidrógeno destinado a la producción de energía. Es más, la roca porosa que las rodea podría destinarse al almacenamiento permanente de emisiones de CO2.

Finalmente, el trabajo también aborda la forma en que la sal puede contribuir a la adopción de la tecnología geotérmica de nueva generación. Aunque el sector está aún en sus primeras fases, los investigadores muestran cómo puede aprovecharse la capacidad de la sal para conducir fácilmente el calor de las rocas subyacentes más calientes para producir energía geotérmica.

 
 

Referencias: B.Saba et al«Characterization and potential valorization of industrial food processing wastes»Science of The Total Environment (2023).

Duffy, O. et al. “The role of salt tectonics in the energy transition: An overview and future challenges”. Tektonika (2023)

Fuente: SINC.